nunca más voy a ser más joven que hoy.
lo dije como quien bebe
de una fuente antigua,
con la sed de quienes aceptan
lo inevitable.
la noche me contradice.
mis sueños
no terminan.
arden en silencio,
cambian de rostro,
regresan.
todo parece empezar
ahí donde algo se rompe.
tengo treinta y ocho años.
sin embargo,
hay una infancia del porvenir
respirando entre mis manos.
el milagro cotidiano
de amar
y ser amado.
entonces comprendo:
no toda pérdida es ausencia.
amor dado.
amor recibido.
pequeñas luces
contra la oscuridad del tiempo.
nunca volveré a ser más joven.
lo sé.
tan solo espero seguir así,
tan inmensamente vivo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario